“Está abierta a todos los hombres de buena voluntad y ningún otro hombre es digno de ella”. 

Al comenzar la lectura es indispensable leer el "Canto de la Perla".

El “Canto de la Perla” conlleva el peregrinaje de un alma infante que debido a la necesidad de maduración es obligada por sus padres celestiales a realizar un camino desde la espiritualidad hacia la materialidad. Con esto el alma en cuestión y basada en una especie de proceso escatológico se desprende de su “morada original” que indiscutiblemente es representada por Oriente y se ve sometida a una involución procreada.

En esta involución los lujos, entre ellos el oro, la plata o las piedras preciosas son abandonadas metafóricamente forjando un hombre perdido cuyo objetivo es volver a encontrar estos tesoros. El cuento argumenta que dichas piedras preciosas son insertas en el hombre manifestado en el ámbito terrenal o material, pero que cuya necesidad de maduración ha provocado un evidente extravío para el encuentro de las mismas. La lucha para su encuentro la debe realizar en un campo de batalla: La materia.

Dentro de los sellos entregados por el padre celestial, el canto menciona una inscripción en particular que debe llamar nuestra atención, esta dice lo siguiente:

 “Si vas a Egipto y traes de allí la Perla que se encuentra en medio del mar, envuelta por la serpiente devoradora, podrás entonces ataviarte de nuevo con tu vestido engastado con joyas y, sobre él, el manto que tanto aprecias y ser un heredero de nuestro reino, junto a tu hermano, el segundo en nuestra jerarquía.”

 Es bien planteada en el canto, la intención del padre, que es la maduración, es decir, el padre celestial en esta inscripción pone en evidencia sus deseos para que luego de ganada la batalla en la materia, su hijo vuelva como un ente divino capaz de replicar su experiencia y trabajar así con aquellos poderes gloriosos. Ahora bien, esta intención del arquitecto puede verse ligada a dos grandes procesos, el primero el mismo surgimiento del hombre, el segundo, la caída de Lucifer.

Pues claro el hombre en su inicio fue el habitante de una creación perfecta caracterizada nuevamente por el “Oriente”, pero que sin embargo, sufre una perturbación según Boehme.

¿Qué ocurre entonces?

¿La caída forma parte de un accidente o fractura que las criaturas sufren en el esquema plano de la creación forjando así su aprisionamiento el cual a su vez genera sufrimiento? o ¿nos vemos en un trazado en donde no existe caída ni desprendimiento, sino que tan sólo un movimiento dentro de la unidad?

Esta discusión es compleja, ya que en ella se ven sometidas dos grandes conceptos, el monismo y el dualismo.

El monismo es representado por la intención del padre celestial para provocar este proceso involutivo y el cual es representado en el Canto de la Perla por “Oriente”. El transitar de nuestro joven es asistido por seres celestiales lo cual acrecienta esa intención de cobijo del padre hacia su hijo, sin vislumbrar ningún elemento accidental y en donde la lucha de la dualidad no existe, ya que forma tan sólo parte de la gran rueda cósmica.

El segundo concepto que es la dualidad es debido a la perturbación, mencionada por el Maestro Boehme. Lucifer genera en su caída don grandes fuerzas que en la cábala la podemos indicar como Árbol de la Vida y en segundo lugar el Árbol del Conocimiento contaminado por los errores de Lucifer.

Lo que queda de manifiesto sin lugar a dudas, es el conocimiento del padre ante los hechos venideros, de modo, que la formulación del pacto antes leído y estampado en el corazón de nuestro peregrino, es una señal de la intención del padre a no olvidar por parte del hijo la misión que posee en este mundo material. A pesar de lo anterior, no queda claro si existe el conocimiento del potencial riesgo que el peregrino sufre para adormecerse y formar tan sólo una pieza de este enorme puzzle terrenal. Este sello estampado en el corazón del hombre no es más que la insatisfacción consciente que aflora en determinados instantes, debido a la carencia o necesidad que en ocasiones es inexplicable.

Pero sigamos con nuestro relato. Una vez que el joven llega a Egipto, parte de su meta ya antes descrita, es abandonado por los espíritus celestiales que lo acompañaron en su transitar y es puesto en las puertas de dicha localidad simbólica, en donde se encuentra con un Dragón o Serpiente hostil que representa lo esquivo que puede resultar la gnosis. El joven toma el camino más rápido, haciendo hincapié en la diferencia que existe entre la vía húmeda y seca de la alquimia, pero antes debe desprender de su cuerpo su vestido real para aparecer en el pueblo como un extranjero. Esta pequeña alegoría integra el triste y angustiante descenso del espíritu a la materia. Es el rasgar las vestiduras y encarnar con ropajes groseros, pesados e impuros.

El apoderarse de la perla es parte de lo siguiente, y en ella se puede observar como esta es la representación de la gnosis, la cual se encuentra custodiada por serpientes y dragones, que constituyen especies de guardias insertos en la materias; son una forma de distracción que se encuentra ahí sin desaparecer, sino que más bien sometida por el triunfo de nuestro joven. De hecho el canto de la perla indica como las vestiduras que ahora utiliza nuestro protagonista son debido a la precaución de no llamar la atención a los egipcios y que éstos despertaran al dragón. Esta forma manifestada en Dragón o Serpiente no es benévola, sino que es una forma de adormecimiento de nuestro estado manifestado material. Nuestra función no se centra en despertarla como lo indica el “Canto de la Perla”, sino que más bien debemos robarle su líquido adormecedor e inyectárselo al mismo engendro.

Ahora bien la Gnosis a la que aludimos no es conocimiento, sino que más bien es una experiencia de la realidad que esquiva el tiempo, haciendo de éste tan sólo un mero indicador sin importancia. Es una especie de energía vibrante que enciende el corazón del hombre, encontrando así la llama divina que conlleva a su vez los poderes de la creación.

El transitar de nuestro protagonista lo lleva a olvidar su descendencia volviéndolo esclavo del Rey Hombre y olvidando al Rey Padre, fue una trampa; una de las tantas trampas que genera el camino del hombre. Esto provoca un descenso a las fauces del olvido, en donde la iluminación se aprisiona por la razón o mente concreta de nuestro plano materialista. Es como la llegada de la Torre de Babel en donde los sonidos y la visión se ven confundidas debido a las diferentes estados perceptivos que existen en la individualidad del ser. La serpiente o dragón se ha despertado de su adormecimiento,

El hombre joven aún, se ve embriagado con su cuerpo físico, con su naturaleza impermamente según Buda, Es más, olvida su Perla y se ve embrutecido ocasionando el largo letargo del cual había luchado en su comienzo.

Los padres celestiales sienten congoja ante el estado impuro de su descendencia, ya que ellos mismos estaban al tanto de los peligros que surgen en el plano material, y como este puede corromper la divinidad interna de cualquier viajero peregrino. Por lo cual, envían un mensaje firmado. La firma es de vital importancia dentro de la epístola en cuestión, debido a que la firma estampada representa voluntad y disposición para acudir en caso de necesidad, aspecto que estaban realizando con la acción en cuestión.

El mensaje indica lo siguiente:

 “De parte de tu Padre, el Rey de los Reyes, de tu madre, Señora que gobierna el Oriente, y de nuestro segundo, tu hermano, a nuestro hijo en Egipto: ¡Saludos! Levántate y despierta de tu sueño. Oye las palabras de nuestra carta. Acuérdate que eres el Hijo de un Rey. Mira a quién has servido en tu esclavitud. Piensa de nuevo en la perla, la razón por la que viajaste a Egipto. Acuérdate de tu gloriosa vestidura y de tu espléndido manto, para que puedas de nuevo vestirlos y usarlos como ornamentos, y para que tu nombre pueda ser leído en el Libro de la Vida, y con nuestro sucesor, tu hermano, puedas ser heredero en nuestro reino.”

El joven nuevamente emprende su camino recorriendo diferentes localidades, recobra sus vestiduras e inicia su travesía por los Sephiroth y por los Qiliphoths, observando la mezcla de la materia profanada y del verdadero camino hacia la redención del hombre celeste.  Las vestiduras es una demostración de la disolución del Ego, y de la potencial liberación que viene ante los sentidos del iluminado. Este hecho en cuestión se encuentra fortalecido en múltiples partes de la doctrina Cristiana, como en las palabras de Juan 3:30 cuando indica la necesidad del crecimiento espiritual y la disminución de las posesiones materiales. Incluso Pablo en romanos 6:6 potencia la idea de la crucifixión del viejo hombre, de forma tal, el cuerpo del pecado se deseche en las profundidades.

El mensaje es la clave del reemprendimiento del camino antes enunciado. El buscador despierta invocando y solicitando nuevamente la ayuda de sus padres celestiales –aspecto ya facilitado con la firma de ellos en el mensaje recién transcrito-, la ayuda es posible que sea solicitada a través de meditaciones, en donde el peregrino encuentra el seno maternal de su madre que sirve de alimento para la transfiguración de su ser, convocando con esto el movimiento supremo de los ángeles en son de las peticiones del joven.

La idea en cuestión cobra especial interés, en exclusiva si lo asimilamos con la Cábala en donde la conciencia suprema se eleva a través del pilar del medio, indicado por Regardie, y provocando el movimiento de la energía instalada en la base del Árbol. El joven primero percibe, lo que despierta su audición, pero que lleva luego a la liberación de su visión. El orden de la iluminación es interesante, primero audición luego visión, es como un esquema estándar en cada uno de los aspirantes a la iniciación. Voz y Luz, femenino y masculino, poder y mandato.

En su transitar aprecia un espejo –claro indicio hermético- que muestra las vestiduras de las cuales es poseedor y se maravilla con el resplandor de éstas. Se reconoce a través de este espejo que logra acabar como una feroz arma con la Gorgona, y comprende que su separación con los planos celestiales no era más que una ilusión, de una percepción profanada por la materia. Se observa y aprecia lo esperado la imagen del Rey de Reyes, con colores divinos que se encontraban ocultos en el interior del alma. Es como lo indicado en la “Voz del Silencio” en donde el guía es una voz que surge en el silencio total del alma y en la cual se olvidan las cosas del mundo. Según las palabras de Jesús: “el reino esta dentro de vosotros”

En esta parte del “Canto de la Perla” podemos percibir la Unión con el Todo, independiente del proceso accidental o forjado del cual antes hemos comentos.

El poder reecontrarse en el conocimiento de sí mismo, inspira el momento de la salvación suprema y divina, y es dependiente del contexto en el cual nos mezclemos, es decir, para nuestro relato se vuelve vital considerar la Reintegración de los Seres como hecho unificador en donde el hombre ingresa en su ser, pero a la vez en el ser del creador, forjando un esquema superior de conciencia.

El peregrino obtiene su recompensa, un vestido de hermosos tesoros y resplandores que estampa en su esencia la firma del Rey de Reyes; la conciencia de la unidad que le devela la verdad y que lo convierte en un Maestro de la Sabiduría.

Es el alcance de los siete rayos, el cual es imperceptible a los sentidos terrenos, pero que provoca la celebración al unisonó debido a que el hijo ha regresado a la fuente de la salvación y en especial el haber cumplido su misión.

La unión con el todo, no existe mayor esquema que profundizar, ni concepto que aclarar. No existe trampa ni tramposo, sólo la formación de un rayo de comunicación que permite que el peregrino haya finalizado su camino hacia la perpetuidad de su  ser.

RIVERA