Las organizaciones esotéricas guardan en su estructura una amalgama de eventos que son parte de un todo. La separación de estos eventos es indicio de error, pero no obstante, forma parte de la continua desintegración que los hombres realizan para el entendimiento de los eventos que ocurren a su alrededor. Al parece lo anterior es parte de una debilidad del plano, el cual constituye al individuo como un ser inserto en una dimensión en particular que induce a ciertas paradojas; una de ellas es la línea recta del tiempo versus los ciclos circulares que ocurren en la naturaleza como creación divina. Es de esta manera, como la observación y la meditación profunda de los ciclos recién mencionados, son un esquema de vital importancia para el renacimiento y entendimiento de fundamentos unitarios de la creación. Estos aspectos eran entendidos en muchas de las construcciones forjadas por los hombres masones en distintos lugares de Europa, en donde las grandes catedrales eran acompañadas de claustros con lugares proclives a la meditación. Estos lugares se encontraban en el centro de la edificación y en ellos se apreciaban pequeños jardines y siembras que servían para observar los ciclos solares y por ende el comportamiento de cada una de las especies. Para los profanos, no era más que una plantación que servía para la alimentación de los iniciados y ha sido tan así que existen ciertos lugares como el Monasterio de San Jerónimo en Lisboa, en donde el jardín ha sido reemplazado por una fuente moderna de agua, quebrantando la pacificación que entrega la naturaleza en aquel observatorio terrestre.

Como en muchas ocasiones, el hombre moderno ha acomodado las formaciones sagradas a su percepción y aprehensión pseudocientífica incentivada por la metodología cartesiana. Pero bien, independiente de la caída y modificaciones de muchas construcciones sagradas, los cambios que surgen sólo forman parte del plano investigativo y empírico del hombre como sujeto deseoso de indagar la labor del creador, empero, la mayor edificación continua en su sitio sin pensamientos, sin estructuras generadoras de meditación, sin lógica; sino que tan sólo continua ahí, y lo fascinante que el hombre no puede hacer absolutamente nada más que dejarse llevar por lo ciclos impuestos y cumpliendo la labor que siempre ha realizado.

A diario el Sol desciende a la tierra a través de rayos que transitan durante años para lograr llegar a su destino terrestre, en su viaje lleva vida, calor y luz. En su destino tiende a encarnarse en todo ante su paso, en la tierra, en las edificaciones, en el mar y en nosotros. El hombre ha observado dichas oscilaciones que el Astro Rey realiza en el transcurso de su viaje destacando como los solsticios marcan puntos lejanos en Cáncer y en Capricornio, instaurando con esto la figura de JANO quien observa y elimina la figura del tiempo como línea recta e ingresando a esquemas pendulares de inicio y final de los ciclos. Formaciones que han sido adoptadas por el cristianismo esotérico como receptáculo de muchas doctrinas como en las Fiestas Saturnales de Invierno y la Fiesta del Asno que corresponde al verano y que ha sido sugerida en el principio de la obra de Fulcanelli “El Misterio de las Catedrales” en donde el autor expresaba su admiración antes las figuras que continuaban acudiendo a la catedral de Notre Dame en dichas fechas, ante las miradas ignorantes de profanos y creyentes.

Pero volvamos a los equinoccios o “Noche Igual”. Pues claro en dicha fecha los días tienen una duración igual al de las noches, es como la justicia que sostiene dicha balanza en son de la igualdad de las partes que acuden a su dictamen resolutivo. El equilibrio y equidad es la característica propia de dicho evento y en donde los polos se distancia de forma equivalente con Sol, cayendo éste en ambos hemisferios en la misma proporción.

La celebración de este equinoccio de otoño es la representación de ciertas tribulaciones del sol ante los vientos y tempestades que impiden su paso a las zonas superiores y el meridiano se conforma como una X que dejan entrever una enorme cruz marcada en el cielo, la cual ha sido vinculada con la figura San Andrés crucificada en una X en lo alto de algunos Templos. Es más esta Cruz X es usada por algunas damas como un pequeño adorno en tributo al vencimiento del Sol antes las viles tempestades que prohibían su paso por el camino bienhechor de la naturaleza. Dicha Cruz es una imitación de los Falos egipcios que cobraban el mismo significado de renacimiento.

El Equinoccio de Otoño es conocido como el Gran Paso, en donde las figuras resucitan ante la enorme caída y dolores que ha sufrido en el transcurso de su existencia, es más es en dicho momento donde Budha toma la decisión respecto al camino que ha de elegir, su elección se basa entre el regreso ante los hombres como Budha Compasión o el llegar a trabajar para la obtención de logros individuales con una luz eterna, pero con oídos cerrados a los gritos de desesperación de las multitudes que lo han de seguir.

El Gran Paso es una de las últimas iniciaciones que los Maestros de la Sabiduría deben afrontar, y es el momento en el cual el Maestro debe acudir al Inframundo como un viajero dispuesto a ejercitar y observar los misterios que engloba la muerte y dejando paso a los mitos de retorno circulares los cuales sienten la confianza de las mónadas libres. La envoltura del alma es abandonada como una desintegración particular forjando una nueva consciencia auto cognoscitiva que se regenera de forma continua ante los planos alcanzados.

La muerte no es sencilla, a pesar que el hombre sufre procesos similares a diario pero que no logran la perfección del fallecimiento pleno, lo cual se vierten en un caudal lógico debido a que el individuo se ve conformado por cuerpos lunares, herméticos, solares que llevan consigo aquel polvillo cósmico proveniente del éter.

Es así como muchas de nuestras majestuosas ceremonias y que se refieren en particular al Equinoccio de otoño constituyen el decaimiento que no lleva a una ascensión forzosa de resurrección en distintos planos que se convierten en primordiales para el mencionado ascenso sagrado.

RIVERA