“No es de dudar que exista una perfecta identidad entre el microcosmos del filósofo hermético y el macrocosmos de Dios esta es la razón por la que los Adeptos afirman que existe un espejo en el cual se ve todo el mundo – est est spéculum in quo totus Mundus videtur “ – en el cual el artista puede examinar toda la Naturaleza al descubierto”.

Este espejo es parte de nuestras herramientas herméticas y nos permite apreciar la naturaleza como un medio global que indica las coordenadas perfectas de la Gran Obra.

Es como aquel plano del tesoro, que el Gran Arquitecto nos deja para nuestra reflexión. Es indudable que sin esta herramienta de comprensión filosófica y esotérica se nos vuelve muy complejo el encontrar la identidad del todo. Es decir, es una de las tantas claves o sellos que debemos abrir.

La verdad que la Unidad penetra en todos los números y es pues claro, que esto se convierte en un acertijo para el entorno profano que insiste una y otra vez, en que este número representa tan sólo la más mínima expresión matemática. Pero Cuan equivocados se encuentran HH.: mios. Cuan equivocados se encuentran aquellos individuos que tan sólo observan la sencilla interpretación de un dibujo al cual le entregan un significado relacionado con una cantidad numérica, olvidando así el flujo de información que emerge ante la compresión hermética del adepto masónico. Es aquel adepto el cual se emociona al observar que la maravilla de la creación se encuentra en algo muy sencillo, pero que se transforma en un forjado mensaje encriptado.

Como habíamos adelantado la unidad se encuentra en todos los números y que hermoso se convierte aquella reflexión, si pensamos en aquel Azoe cabalístico que nos indica la representación del principio y del fin, lo que a su vez se ha indicado como símbolo del mercurio alquímico.

Este Mercurio alquímico participa al igual que la unidad en todas las cualidades que se aprecian en nuestro plano, es así, como en nuestro interior (cuerpo, alma y espíritu) llevamos parte de esa esencia simbólica que nos han entregado nuestros grandes iluminados. De esta manera, la unidad del todo penetra en la totalidad de las cosas que nos rodean y es por aquel encuentro de esa potencial manifestación inicial, por la cual nos vemos con el permiso de realizar operaciones mágicas y esquemas rituales que nos acerquen a nuestro creador.

Reflexionemos un momento sobre la construcción del símbolo alquímico del mercurio.

En su parte superior podemos observar una media luna, esquema claro de la feminidad del símbolo y representación además de un recipiente que es capaz de absorber todas las transformaciones que puedan ser realizadas en este plano. A continuación podemos observar un círculo representación del ourobourus serpiente que de forma infinita se come la cola. Y bajo el símbolo se encuentra una cruz que indica los cuatro puntos cardinales, pero que sin embargo para algunos autores es la unión de dos escuadras por sus vértices, instigando a la construcción de un símbolo que aprecia al igual la asociación de los contrarios.

No es coincidencia que el mercurio es representación de la unidad y tampoco es coincidencia HH.: míos que las perlas no son entregadas a los cerdos.

El número uno es la medida de todos y cada uno de los números; los contiene a todos y también es capaz de multiplicarse sin perder su esencia, ya que siempre vuelve al mismo lugar. Su indivisibilidad es imposible ya que su constructo carece de partes ya que no existe nada antes del Uno, ni detrás del Uno.

Es así y como antes ya hemos manifestado la Unidad es el principio y fin de todas las cosas.

El mago eleva una de sus manos al cielo y baja la otra a la tierra pensando que sobre él se encuentra lo que Levi llama inmensidad y más abajo más inmensidad, teniendo la conciencia tacita de que su existencia como mago, no escapa del todo, sino que más bien forma parte indiscutible de su esencia.

Esta esencia es una e infinita y su género depende de sucesiones alternadas de la humanidad. Para Manu es la representación del despertar y del dormir.

El iniciado es capaz de ver luz donde los ojos poco entrenados ven tan sólo oscuridad, ya que el conocimiento reside en cabezas repletas de pensamientos de otros hombres, pero la Sabiduría solo reside en las mentes atentas consigo misma.

RIVERA