Una de los arcanos del tarot que más ha llevado a debates es el Loco; una hermosa lamina que muestra a una especie de peregrino apasionado y alejado de los esquemas más profundos del materialismo. Su composición es interesante, debido a que es una de las únicas cartas que no posee número forjando la idea de un errante capaz de asumir distintos papeles de composición en cada una de las ubicaciones que desee asumir. Es de esta forma, que el Loco, puede caminar sin preocupaciones por las distintas posiciones que desee en el tarot, no obstante, su debilidad es esa, la no preocupación.

De esta manera, el loco es el combustible de la búsqueda interna que representa una baraja de tarot, pero de acuerdo a nuestra experiencia se sumerge en la idea de propulsor y no de generador constante de los distintos aspectos que surgirían en la vía de un buscador.

Su caminar es incierto, sin objetivos y con tan sólo algunos elementos que le podrían ser de ayuda en su peregrinaje a lo incierto. En algunas barajas se le es entregado un número cero, como acercamiento al eje cabalístico del Ain, Ain soph y Ain Soph Aur y sus distintas representaciones  que en nuestro lenguaje vulgar lo podríamos asemejar a lo que se encuentra detrás de lo no manifestado. (Ver articulo: El lenguaje como medio de transmisión en la tradición)

En realidad, esta idea del cero nos figura como un elemento algo complejo de análisis, en especial porque esclaviza al arcano en cuestión a ser el primero de los arcanos mayores y así también a la idea de que éste se encuentra en la esencia de todo el resto de la baraja.  La verdad que hemos de detallar que el loco, como así cada uno de los arcanos, son parte de un sistema, el cual se encuentra claramente integrado y en formación constante de esquemas superiores de entendimiento. El loco es parte de este sistema y posee el atributo divino de poder integrarse a cualquiera de las cartas y forjar con esto un claro esquema de energía en conjunción con el arcano a la cual ha decidido integrarse.

Esta idea energética es proclive a todo el árbol de la vida, representado en la figura adjunta, es decir, la formación de energía se inmiscuye a los cuatro centros energéticos del árbol que son el Atziloth, Briah, Yetzirah y Asiah. Estos esquemas o planos del árbol suscrito, son un descenso de la imagen divina, hasta la imagen material en la cual estamos inmersos como seres carnales. No obstante, nuestras relaciones pueden ser transmitidas a otros planos a través de nuestro círculo astral y considerando la máxima hermética, “lo que es arriba es abajo”.

Waite como Papus colocan esta carta -independiente de su número cero asignado- entre la carta 21 y 22, es decir entre el juicio y el mundo respectivamente. Es de imaginar que la idea de lo anterior es la antes suscrita, es decir, el Loco no forma parte de una numeración formal adecuada sino que más bien posee en su composición la capacidad de una ubicación arbitraria e independiente de normas, políticas y todo lo relativo al mundo material del cual formamos parte.

En la vinculación que se ha hecho de las figuras del tarot y el alfabeto hebreo, se ha pretendido el acercamiento claro de cada una de las 22 letras hebraicas con los 22 arcanos a estudiar. En el caso del Loco, la letra asignada es Shin que es una de las tres letras madres del alfabeto en cuestión y que simboliza al Cristo Cósmico. En muchas ocasiones la etimología nos entrega cierto indicio cercano a su significado, en este caso la letra Shin se acerca a la palabra cambio, que podemos relacionar con aquel precipicio que surge a los pies de nuestro personaje y que no causa ninguna conmoción debido a lo que podríamos catalogar como una inexperiencia. Las tres cabezas que forman esta letra muestra los tres niveles que asume el arcano en cuestión, mostrando asi la esencia de un hombre con aspectos externo que cambian y fortalecen su entorno, estas tres formas son: lo no transformable, lo pro transformable y lo transformable. De esta forma tendemos a forjar la idea de un esquema constante de transmutaciones que llevan al hombre a generar ciertas instancias en las que puede apreciar las reglas del plano y por ende y de acuerdo a esquemas vibratorios es capaz de cambiar, convirtiéndose de esta forma en un adepto del Maestro Hermes Trismegisto. La letra Shin representa fielmente esta idea, ya que en su constitución muestra cómo surge el equilibrio en la formación del universo, un equilibrio que es constante en la constitución de la figura en cuestión.

Es recién aquí, cuando podemos comenzar a trabajar en descifrar el arcano como un complemento energético de cada una de nuestras decisiones, en donde nuestro viaje se convierte en un viaje a las profundidades de la oscuridad forjando ideas, sentimientos y razones que son iluminadas por el continuo sentido de la iluminación, generando de esta forma la irrisoria paradoja de un individuo capaz de todo ya que su conocimiento se ha forjado en un halo limitado de gnosis divina.

Si llevamos nuestra relación a un esquema representativo podemos argumentar que la vida del el loco es un viaje de peregrinación, en donde éste conserva una imaginación constante durante el trayecto, no obstante su vitalidad y juventud convierten a este personaje en un ser sin domicilio e inestable en el contexto material, pero estable en el contexto divino.

RIVERA