Cuando nos adentramos en las oscuras vías masónicas del templo de compañero, podemos observar como el esoterismo se apropia de la simbología del templo, es como una demostración de una ruta interna que nos adentra en nosotros mismos y que nuestra formación impide que observemos limpiamente.

El CC.: se encuentra en instrucción y ante sus sentidos figurados se presenta un arcano nada de sencillo de por cierto, sino que más bien se acerca a uno de aquellos laberintos borgenianos plagados de guardianes que solicitan las contraseñas adecuadas para que el iniciado pueda ingresar recién a vislumbrar las figuras que se aparecerán antes sus ojos, pero que sus sentidos culturalizados POR LA RAZÓN no habían podido descifrar.

Es entonces cuando nos debemos preguntar,

¿Es tan sólo la motivación la llave de la sabiduría?

Al parecer todo parte de un individuo motivado, no obstante, no podemos axiomatizar que sea la única variable dentro del camino, ya que los estímulos en muchas ocasiones son tensionados por factores exógenos que fomentan esta quebrazón de cristales de razón y que nos convierte en muchas ocasiones en piedras inertes.

Uno de estos estímulos es el Templo masónico, que es adecuado a nuestros niveles de percepción, pero que no obstante, ha sufrido escasas variaciones en su estructura, es decir, los cambios surgen en nuestro interior y provocan que nuestra visión sea ampliada a un plano superior.

Avancemos algo más y soslayemos la letra G.

Sin duda uno de los aspectos más tratados por los CC.: en sus cámaras, tenidas y demases tertulias es la Letra G, cuyo significado se encuentra sumergido en amplias mareas oscuras como los sugirió Hermes Trismegisto nuestro Maestro.

No obstante, y en base a nuestra experiencia hemos apreciados como la búsqueda de muchos HH.: se enfrasca cuando encuentra una respuesta consensuada por una mayoría, es decir, la asimilación de esta Letra G con los conceptos o acepciones de Creación ya sea por herramientas o por ciencias bastan para atensionar la motivación.

Pero que más puede guardar aquel símbolo que de forma discreta se mantiene en unos de los lugares más importantes del Templo de Compañero.

Pues bien, la letra en cuestión en el alfabeto madre del esoterismo se encuentra asemejada con Guimel cuyo valor numérico es el número 3, planteando una de las hermosas claves que podríamos dilucidar, en donde la letra G podría ser el resultado y no el principio de lo manifestado, teniendo de esta manera su respectiva semejanza con el significado del Solvet et Coagule que llevan a la transmutación del Mercurio con el Azufre, para la llegada a la Sal.

Ahora bien, la precaución que hemos de tomar en el entendimiento de este añorado símbolo y así también del significado de la mayoría de los que se encuentran en el Templo, es como éstos –símbolos- menoscaban la concepción de tiempo y espacio, del alfa y del omega, y se convierten en eternos y proclives a la concepción de infinitas transmutaciones basadas en una forma creadora de nuestro plano en donde la Geometría, la Gnosis, la Generación, Genio, Gravitación, Gracia y Gozo son partes fundamentales de nuestro entorno, pero que claramente observan concepciones creativas y positivas.

Lavagnini obra de buena fe al mencionar las siete G, pero omite lo no creado, lo estable, lo sin movimiento, lo estéril, dejando todos estas variables alejadas de la letra G e inculcando una visión positivista del creador universal, con un claro y alejado trecho de las concepciones maniqueístas.

De esta manera podríamos argumentar que la concepción del árbol de la vida consta de vibraciones no sólo positivas sino que también de ciertos argumentos que tienden a la negatividad como lo son los quiplots o lado oscuro de las sefiras.

Como habíamos planteado, la letra en cuestión posee una significación numérica relacionada con el número tres, asociado de forma cabalística a la generación y creación, pero hemos de preguntarnos y con esto concluimos:

¿Es posible que este símbolo también refleje la Degeneración o no Creación?

rivera