Los suspiros de nuestra alma son generadores de las palabras, palabras que son forjadoras de las distintas manifestaciones de la psiquis, manifestaciones que de alguna u otra forma crean delimitaciones de nuestros pensamientos, como un flujo directo de energía simbólica y sagrada.

Reflexionemos… nuestra mente es lo trascendente, es la representación forjada de un plano distinto que crea sus formas de revelación por medio del verbo el cual debemos aceptar como la causa primera. Empero, como podríamos afirmar que nuestras palabras son la representación de nuestro Creador, si a la vez argumentamos que la Divinidad escapa de forma inmediata a la razón.

En principio era el verbo ora Juan el Evangelista, no obstante el verbo proviene de los labios del Arquitecto Universal, el cual nos dice:

“Yo soy aquel en quién está y por quién se manifiesta el Verbo”

Es así que el hablar ya es una “creación sagrada”, que proviene no de la razón sino de la conciencia del YO SOY; proviene de las formas más ocultas de la Sabiduría Universal ya que Dios perfecciona al hombre eternamente forjado en la figura de Adam Kadmon que forja su Gloria y Poder en el Reino por aquellas vasijas que dejan caer su esencia por aquellos 32 senderos de la manifestación.

Es decir, el verbo convierte lo infinito en lo finito ya que Dios opta por la perfección del Ser oculta en el primer individuo, perfección que se hace eterna ya que como ha dicho un gran sabio de la tradición, una oruga se convierte en mariposa pero jamás, jamás regresa a ser oruga.

Pues bien, es menester mencionar que Dios ha entregado las cosas como formas comprensibles para el hombre primero, el cual las ha adecuado y las ha tomado como parte de su medio, ya que las causas- para este hombre- son reveladas por los efectos.

Es así, como el hombre ha comprendido a Dios como lo infinito el que por medio de sus palabras e imaginación refleja sus pensamientos en nuestro entorno. Es decir, un pensamiento se manifiesta por medio de las palabras.

La inteligencia es la esencia suprema que por medio de la palabra se expande, haciendo del Verbo un concepto ilimitado a la razón, ya que ésta –razón-  no lo entiende por las formas tradicionales y vulgares, y es la mente la que se debe desencuadrar para generar formas de intuición. La inteligencia es eterna y por consecuencia el Verbo también lo es.

El Verbo vibra, en ciertas frecuencias que entregan métodos de revelación. Es así, como Juan el Evangelista nuevamente nos indica que la creación es producto de la vibración, ya que es ésta la capaz de estremecer a lo inerte y a lo material obligándolo a tomar determinadas formas que se traslucen en nuestras vidas. De esta vibración surge cada forma, que al combinarse con lo inmóvil abre la puerta para una multiplicidad de formas que en su esencia conllevan el principio supremo.

Si bien en muchas ocasiones el sonido que produce una vibración es no audible a nuestros sentidos, el efecto que promueve en la materia y en nosotros es relevante para forjar la energía creadora. Es así, como el encontrar ciertas vibraciones vocales, puede dar lugar a efectos en la materia, ya que el proceso es el mismo, es decir, al encontrarse dos polaridades influyentes entre si, se manifiestan formas y hechos materiales que ratifican el principio hermético de cómo es arriba es abajo y como es abajo es arriba.

De esta manera debemos afirmar que la existencia es un cambio, ya que nada permanece estable. Es probable que nuestros sentidos no lo aprecien, no obstante los espacios y el tiempo se encuentran sumergidos en la vorágine de la vibración y el cambio, nuestras palabras cambian de tono y el mensaje de recepción es distinto.

¿Qué es la palabra?

La palabra es un conjunto de vibraciones que genera una manifestación e indaga en aquel hombre proveniente del espíritu virginal. De hecho la creación de este hombre es grupal como se hace mención en el Génesis, en el cual se indica que es la imagen y semejanza de los Elohim. Es decir, en nuestro interior guardamos la frecuencia de la vibración y conservamos en nuestras vocalizaciones la potestad de la creación universal. El sonido no puede tener manifestación sino es por la inspiración y la exhalación que provoca una vibración en nuestras cuerdas vocales.

Para la masonería los símbolos son su esencia ya que representan una imagen de nuestros pensamientos y son proclives a la creación de un puente que une lo exterior con lo interior. De esta forma los signos, toques y símbolos son intentos gráficos de representación del Verbo como forma enigmática de la interpretación de los sonidos. Es así, que existe una clara correspondencia entre el Símbolo y el Verbo como medio para descifrar los misterios de la conciencia universal. Esta es parte de la razón del porque los antiguos sabios instauraron el alfabeto hebreo como un método de palabra, número, símbolo y vocalización – estudios más específicos entregan aroma, color, planeta, actividad física, por nombrar algunos) que se ha seguido utilizando debido a esta evidente cualidad. Sus 22 ideogramas son llamados las 22 puertas del saber.

Es menester agregar, que el primer sentido a potenciar es el oído, que debe ser el canalizador de la energía creadora que fluye de la palabra de la omnipotencia. Es de recordar cómo este atributo es materializado en la ceremonia de iniciación en la cual el profano es incitado a un viaje interno a sus confluyentes ríos de oscuridad. En la ceremonia es el Venerable el portador de la palabra y de la vibración de ésta, es él el que influye en el candidato que en base a su sentido de audición se apresta a la creación de sus primeras manifestaciones que dan lugar a formas que fluyen el despertar de su espíritu dormido.

Es así como la piedra bruta escucha, es así como una espada escucha y es así como el hombre escucha determinadas vibraciones provenientes de los planos superiores. Como algún proverbio menciona es probable que en alguna ocasión el Sol dé frío y la Luna de Calor, no obstante esta confusión no podrá quebrantar El Verbo, ya que éste es la manifestación primera de la Creación.

RIVERA