“El pavimento mosaico es un hermoso emblema de la
multiplicidad engendrada por la dualidad, constituida
por los pares de opuestos que se encuentran
constantemente el uno cerca del otro...”.

(Lavagnini, Manual del Aprendiz, p.126).

Las intimas manifestaciones del Ser, se ven acrecentadas por la idealización de las formas; formas que emergen de nuestras vidas cotidianas hacia el encuentro con nuestro “Yo interno”.

Las representaciones físicas que asumen nuestras ideas involucran la concepción de una creación subyugada hacia las intenciones del Creador, es decir, el hombre al ser una “imagen y semejanza” de su Creador conlleva a que todas sus creaciones formen parte de ideas preconcebidas por el Gran Arquitecto.

Es así como San Juan (Cap. 1.1) nos manifiesta uno de los escritos más trascendentes de nuestra relación con la creación, ya que nos dice lo siguiente:

“En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios y Dios era el Verbo él estaba en el principio con Dios todo se hizo por él y sin él no se hizo nada de cuanto existe en él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no prevalecen sobre ella”

Con esta hermosa frase llena de sabiduría San Juan nos entrega la primera manifestación de la dualidad en donde de forma inmediata se enfrasca la lucha entre la luz y las tinieblas, pero no nos equivoquemos y veamos a esta dualidad como un perfil en el cual se enfrentan dos polos de origen distinto y de distinta esencia, sino que más bien pensemos en la monada como un ente de unión del todo en donde “El Verbo” hace posible la existencia del ser humano. De esta forma, la fortaleza del hombre se centra en sus ideas, que siempre hemos podido apreciar a nuestro alrededor, de hecho, observemos nuestro Templo, apreciemos su formas y meditemos si alguno de sus elemento se encuentran fuera del “Yo interno”; ¿existe algún elemento que se encuentre libre de la idea?

La masonería necesita de por sí, situar a sus adeptos en un espacio que revitalice esta esencia y que disuelva el secreto en formas insertas en un espacio, donde un masón deba reunir la idea de la creación como un orden (cosmos), como una cosmogonía. Este espacio es en el que nos encontramos insertos y es este espacio el arquetipo básico para visualizar las leyes y correspondencias que gobiernan la realidad universal.

Debemos afirmar que este espacio que hemos denominado logia termino próximo al logos(verbo) forma parte de nuestra tradición como una especie de intermediario con la creación universal en donde nada se encuentra inserto al azar, sino que cada símbolo, tocamiento y palabra se hallan desde un punto de vista ritualístico proclive a la armonía del cosmos universal.

Es menester mencionar, que el centro de una Logia es una especie de abismo que encauza una ordenamiento geométrico basado en la espiritualidad, es decir, la forma de traspasar este abismo es por intermedio de lo sagrado manifestado, de forma tal, que una persona puede fortalecer en este lugar su conocimiento hacia lo sagrado ya que es en este lugar donde aquello se puede manifestar de múltiples formas.

La llegada a aquel espacio sagrado es por medio de tres pasos (triada) de la puerta del templo masónico, donde debemos destacar que el inicio de la marcha surge por medio de la dualidad representada por las columnas, para luego terminar en el mosaico otro elemento que basa su idea en la dualidad.

El mosaico se destaca por sus cuadros blancos y negros como forma de manifestación de la idea clara de la dualidad como parte de un todo. Esta idea general sustenta uno de los elementos sagrados de nuestra humanidad como lo es el volumen bíblico, que como en alguna ocasión hemos destacado basa de cierta manera su idea en la concepción de un dios que conlleva en su interior ambos atributos, es decir, la luz y las tinieblas, lo manifestado y lo no manifestado.

De cierta manera ya Rene Guenon nos recordaba lo siguiente:

“… la yuxtaposición del blanco y del negro representa, naturalmente la luz y las tinieblas, el día y la noche, y, por consiguiente, todos los pares opuestos o de complementarios…”

Con lo ciertamente mencionado no debemos observar o percibir la dualidad como un aspecto relacionado a las ideas maniqueístas, sino más bien a ideas de la tradición pura, en donde se sientan las bases de la monada como elemento prioritario para el entendimiento de cualquier proceso iniciático.

El pavimento de mosaico no representa una idea material física, sino que más bien su esencia se centra en la creación de un espacio físico y sin tiempo, en el cual se percibe la separación de lo profano y sagrado. En aquel espacio atemporal en donde las almas de los grandes maestros sumergen a compartir sus sentimientos podemos ver la idea de un atanor hermético que potencia la vida espiritual de un adepto.

Es muy interesante observar como el mosaico es una prolongación de las columnas que expresan la idea de una tensión formada por pares opuestos en donde el mosaico se vislumbra como una primera manifestación que deja claramente expuesta la idea de una combinación binaria. Debemos recordar que aquel abismo es una especie de matriz que posee las virtudes de creación y regeneración que acota e impone limitaciones a lo abstracto e incomprendido. De esta manera es el propio ser humano el que se presenta en este espacio atemporal como un ente dual que se relaciona con el resto de sus hermanos para forma un todo como lo es el egregor masónico del que tanto hemos hablado. Esta concepción es la base de un iniciado para un encuentro que le permite reflexionar con su interioridad.

Deseo recalcar y aclarar que la idea del color negro de mosaico no se centra en una idea de la maldad y la perversión existente en nuestro plano físico, sino que más bien se basa en una alegoría alquímica que nos muestra el mercurio como camino de perfección, es decir, la forma o mejor dicho la esencia para la perfectibilidad del iniciado es la comprensión acabada de la idea implícita en una forma tan simple como la del mosaico, pero que se convierte en un dilema sin resolver para la sociedad profana.

No debemos olvidar que la putrefacción de la materia de una semilla debe morir para convertirse en un grano de trigo, y fíjense que hermosa alegoría hemos mencionado, ya que esta tiende a la concepción de la esperanza de todos los hermanos hacia la perfección sagrada de la humanidad o del plano físico que formamos parte.

P.— ¿Qué os ha revelado el número Dos?

R.— Que la inteligencia humana asigna artificialmente límites a lo que es Uno, y sin límites.
La Unidad se encuentra así encerrada entre dos extremos que son simples abstracciones a las que las
palabras prestan una apariencia de realidad.

Estimados hermanos, Platón ya lo había señalado… sólo somos capaces de ver reflejos de aquellas ideas arquetípicas del fondo de la caverna, y constantemente le asignamos o le inculcamos el sellos de la verdad.

 Las tinieblas representan siempre, en el simbolismo tradicional,

el estado de las potencialidades no desarrolladas que constituyen

el “caos”; y, correlativamente, la luz se pone en relación con el

mundo manifestado, en el que estas potencialidades serán

actualizadas, es decir, el “cosmos”.

(René Guénon, Apreciaciones sobre la Iniciación, p.277)

RIVERA