La idea de la muerte enfrasca al maestro en un devenir de acontecimientos que potencian y orientan su pensamiento hacia la sublevación del sujeto y hacia la búsqueda del egregor masónico formado por las tres columnas que sostienen un templo, es decir Guimel, Wav y Daleth (Sabiduría, Fuerza y Belleza), que a la vez representan la palabra GOD.



Para ello y acorde al transitar post mortem de un iniciado las obligaciones se convierten en una alegoría yuxtapuesta al arte real y a la autoridad espiritual. Dentro de este actuar, el maestro encuentra una marcha que al igual que la del aprendiz y que la del compañero proviene de las tinieblas y se dirige hacia la búsqueda de la luz, dejando atrás a sus vigilantes símbolos del mencionado Egregor masónico.



¿Pero cuál es la idea del surgimiento de una marcha desde las tinieblas?



Para el ocultismo oriental las tinieblas es la única verdad; para Robert Fludd es la oscuridad la que crea la luz para potenciar su existencia. De esta forma, se explica el porque un iniciado surge de las tinieblas como en alguna ocasión lo hizo el Dante y acepta que aquel camino conduce a la perfectibilidad del hombre y a su encuentro con el creador.



Este Ser comprende que la oscuridad y la luz forman parte de una conciliación universal de elementos, en el cual la tesis y antítesis son idénticas en su naturaleza, sin embargo, pueden diferir en su grado, como es manifestado en la obra de Hermes Trismegisto. Es más; en el libro de Dzyan en la Estancia III se entrega una de las verdaderas fundamentales del conocimiento esotérico y que deja de manifiesto la importancia de las tinieblas en cualquier camino iniciático. El texto mencionado entrega lo siguiente:



“Las tinieblas irradian la Luz, y la luz emite un rayo solitario en la aguas, dentro del abismo de la Madre. El rayo traspasa el huevo virgen; el rayo hace estremecer al huevo eterno y desprende el germen no eterno que se condensa en el huevo del mundo”



Por consiguiente, la presentación de la luz es el inicio del proceso de gestación del iniciado y el encuentro con el arquetipo universal, es decir, representa la creación de la forma como nacimiento y de la muerte como segundo nacimiento. De esta forma queda manifestado que el nacimiento y por ende la constitución de una forma conlleva al ciclo de la vida. Esta realización simbólica lleva a lo que el esoterismo islámico denomina el Hombre Universal, estableciendo una semejanza entre la manifestación universal y la individualidad del hombre, en palabras herméticas se refiere al paso del microcosmos al macrocosmos. Este Hombre Universal es el Adam Qadmón de la Qabbalah hebrea.



Hasta el momento se puede apreciar que el iniciado, que el aumentado de salario y que el exaltado provienen todos del occidente, sin embargo la concepción del viaje a asumir es claramente distinta tanto en su forma como en su comprensión. El maestro en su andar contempla con la calma que le ha entregado la experiencia los diferentes planos que surgen en su andar y combate la ignorancia, el fanatismo y la ambición del camino. No obstante, se encuentra con un obstáculo en su andar, que es representado por el ataúd de su Maestro Hiram asesinado por la decidía de algunos compañeros masones. Ante el acontecimiento y en virtud del tiempo que posee, decide seguir su marcha enfrentando sus pasiones y entregando una de las alegorías más hermosas del grado de Maestro y que guarda relación con la trascendencia del Ser. El Maestro se ha liberado de las contingencias de la vida, instaurándose sobre la muerte terrenal en base a su conciencia; como agrega San Juan:


“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libre”



Como se ha dicho el Buscador se encuentra sobre el ataúd de su Maestro y comprende que la liberación terrenal le otorga la fortaleza de encontrarse dentro de la Rueda Cósmica convirtiéndose en el gestor de sus movimientos. El Maestro se ha convertido en un sabio indiferente a las preocupaciones del hombre profano, alcanzando la impasibilidad perfecta en donde la vida y la muerte le son iguales en cuanto a la constitución de la armonía universal.



El Maestro continúa su marcha sobre la muerte y la materializa sondeando o esquivando el féretro de su Maestro Hiram. Su camino no se refiere a escapar de las tinieblas, sino más bien del compartir la oscuridad con la luz y fortalecer la espiritualidad. Es decir, debe disolver y coagular los eventos que ahora forman parte de su vida. Para ello, ha sorteado tres grandes estados en su marcha que se relacionan con el Cuerpo, con el Alma y con su Espiritualidad.



En el primero de los grados masónicos se potencia el nivel inferior, que denominados cuerpo y que en cábala recibe el nombre Nefesh.



Antes de continuar se debe considerar que cada una de las partes fundamentales representadas en la figura forman parte de un todo y no difieren significativamente unas de otras sino más bien son complementos o reflejos que trascienden los planos. Esto va desde el Cuerpo que es representado como el plano más inferior, el Alma que es el reflejo del Cuerpo, y el espíritu que es el resumen de todos los contenidos de los grados anteriores. Si se toma atención representa el Padre, la Madre y el Hijo. Mercurio, Azufre y Sal.



Como se había planteado y para continuar el Cuerpo corresponde a unos de los grados inferiores de la cábala pero no por ello es menos importante, ya que éste plano representa el principio de la vida, la manifestación del Ser. En cada uno de los pasos que se emprenden, el aprendiz simboliza su existencia y su pasividad en el mundo externo. Este Circulo no forma parte de la idealización sino más bien la sensibilidad profana del recién iniciado.




En el caso del Compañero Masón, su marcha se relaciona con su Alma, o para la cábala con Ruash en donde la pasividad y actividad se equilibran formando una suerte de armonía que depende del nivel de cohesión que posee este Ser con el medio ambiente que lo rodea. En otras palabras, Ruash viene a ser parte y conciliador de lo material y de lo espiritual uniendo el mundo interno que Papus llama inteligible y el mundo externo real.



No debemos olvidar que Ruash o Alma requiere del soplo inicial para continuar su camino, requiere del IOD del tetragrama para convertirse en el He y llegar a la espiritualidad deseada.



En síntesis, la marcha del compañero muestra la esencia de un hombre equilibrado pero no perfeccionado en lo sagrado, dejando establecido la necesidad o las pistas de un camino superior que debe asumir sin importar los riesgos a asumir.



Para el Maestro la esencia de su marcha ha alcanzado la perfección espiritual, que en cábala es designada como Neshamah. Este estado se caracteriza por la actividad, sin embargo, no se desprende de lo particular y lo concreto que se encuentran por debajo de él y que son imprescindibles en su actuar.



En el Génesis se plantea la caída del hombre, que para la cábala representa un alejamiento concreto de lo espiritual para asumir funciones y pecados individuales en su existencia. Esto y en virtud de la costumbre complica la ascesis del iniciado a los mundos superiores, ya que el hombre ha perdido la chispa divina. Lo anterior ha provocado un desprendimiento de los diferentes estados que hemos mencionado (Nefesh, Ruash y Meshamah) provocando un mundo disolutivo de sus tres partes fundamentales.



Es así como el Iniciado ha alcanzado la esencia pura del ser simbolizado por el sattva de las tres gunas orientado a los estados superiores. Es decir, en un origen todo era tamas considerado como la obscuridad universal, luego viene la ascesis que lleva a rajas que es una especie de demiurgo, para terminar con la espiritualidad de sattva.



El camino hindú recién indicado es el mismo al de la cábala y por ende a las marchas de un Iniciado.




El Maestro ha realizado su marcha y saluda a las luces que lo rodean en señal del respeto y reconocimiento de la representación cosmogónica del universo en el un Templo. Ha comprendido el Vitriol que se le ha sido presentado en el comienzo de su camino y ha considerado la importancia de las tinieblas en su continuo aprendizaje de los misterios sagrados, a partir de ahora sólo le queda trascender en su conciencia.

RIVERA.