Ambelaim considera como una de las claves de leyenda de Hiram la huída de Moisés al desierto del Sinaí por haber matado a un egipcio que maltrataba a un israelita.

Josefo menciona que ese lugar estaba desierto de personas a pesar de que en aquel tiempo Sinaí era fértil  y los rebaños pastaban holgadamente. Lo anterior se basaba por el hecho de que se decía que la gente no iba por la santidad de aquel lugar, ocurrían hechos incomprensibles.

Moisés en el Sinaí se caso con Sefora, una de las siete hijas de un personaje muy particular que era sacerdote de la región de Madián. Se le llama entre uno de los tantos nombres como keni.

Este nombre es de conveniencia su análisis desde un punto de vista semántico.

Comenzaremos estudiando el nombre de kain:

  • Kain: lanza
  • Kain: primer hijo de Adán  y Eva según el Génesis y de Samael y Eva según el Sepher ha Zohar.
  • Kinah: canto lúgubre, lamentación ritual.
  • Keinitas: hijos de keni, suegro de Moisés.

Dado que keni significa “fundidor”, keinitas significará una familia descendientes de un fundidor, compuesta a su vez de fundidores.

De esta forma se tiene que los forjadores y fundidores con los que se encuentra Moisés son una especie de secta, una casta que viven aparte entre los mainiditas y que hayan tomado el nombre de Kainistas es porque conocían la leyenda de Kain.

Esta afiliación místico perduró hasta los primeros siglos de nuestra era. Veneraban a Caín , adversario del dios de este mundo material y a Judas Iscariote que fue un instrumento de la redención de Jesús.

En los primeros siglos comprobamos la existencias de sectas que se llaman a si mismas naasenas (de nasash, serpiente) o bien ofitas (del griego ophis, serpiente). Sus fieles adoran a Nahash , la serpiente del jardín del Edén, porque -dicen – gracias a ella el hombre y la mujer pudieron abrir los ojos a la realidad, distinguir entre el bien y el mal, manifestar su libre albedrio. Y si el Dios amo del jardín del Edén no se lo hubiera impedido, habrían probado también el fruto del árbol de la vida eterna y habrían sido divinizados para siempre al convertirse en sus iguales. (Génesis 3, 22-24)

Extraído del Secreto Masónico,

Revisado por:

rivera

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